FÓRMULAS ANTIESTRÉS

A. Mateyak

Cada mañana me despierto con una lista en la cabeza de dos millones de cosas que tengo que hacer antes que se ponga el sol. Si bien en otros tiempos me exigía hasta el límite física y mentalmente, rara vez lograba todo lo que me había propuesto. En consecuencia, terminaba contrariado y estresado. ¿La solución? Redacté una lista de cinco puntos que podían mejorar mi rendimiento sin que sintiera tanta presión. Por extraño que parezca, ninguno de ellos es redoblar esfuerzos o apurar la marcha.

1. Pedir soluciones a Dios. Cuando invocamos la ayuda que Dios nos ha prometido en Su Palabra, se liberan ciertas fuerzas espirituales que obran en nuestro favor. Por eso, en cuanto empiezo a sentirme presionado, me detengo y le pido a Dios que arregle la situación que me genera estrés. Con ello ataco la raíz del problema, en lugar de limitarme a tratar el síntoma, el estrés.

2. Aquietar mi espíritu. Evidentemente no todas las oraciones obtienen respues tas instantáneas. De ahí que además de reclamar soluciones, le pido a Dios que aquiete mi espíritu y me infunda confianza en un feliz desenlace. Dedico unos momentos a meditar en Dios y a descargar sobre Él mis afanes y preocupaciones. Jesús dice: «Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:28,29).

3. Planificar y organizar. La Biblia nos aconseja: «Hágase todo decentemente y con orden» (1 Corintios 14:40). Trazar la noche anterior el plan para el día siguiente me aplaca el estrés, aun en los días más ajetreados. Primero apunto todo lo que debo o deseo hacer. Establezco luego prioridades y acorto la lista de manera que se ajuste a la realidad. Después determino el orden en que haré las cosas, trazando la ruta que seguiré y calculando los tiempos de desplazamiento. Hago estimaciones generosas por si surgen imprevistos. Si no me entra todo, elimino algunas cosas de la lista. El tener un plan concreto me da tranquilidad.

4. Hacer pausas para descansar. Amigos que trabajan en oficinas, bancos, colegios y otros lugares donde el trajín es constante me dicen que eso es imposible, que no tienen tiempo para hacer pausas. Pero he descubierto que, para surtir efecto, un descanso no tiene por qué dilatarse y ocupar toda una hora o treinta minutos. Basta con tomarse cinco minutitos o menos. Yo me tomo un vaso de agua y salgo un momento para respirar profundamente. En situaciones en que eso no es posible, descanso la vista mirando por una ventana o me reclino y cierro los ojos. El relajarme físicamente me calma el espíritu. La inversión da sus frutos, pues todo marcha mejor durante una o dos horas después de esos cinco minutos de descanso.

5. Tener una actitud positiva. Por muy bien elaborado que esté mi plan, hay veces en que las cosas salen mal o surgen imprevistos. En lugar de entrar en una crisis de pánico o alterarme, procuro ver el lado positivo de la situación, no dejarme abrumar por el problema y concentrarme en la búsqueda de soluciones.

Ahí tienes, pues: cinco fórmulas antiestrés cuya aplicación no exige un gran caudal de inteligencia. Basta con un poco de disciplina y práctica.

¿Deseas una mejor calidad de vida?

Puedes tenerla, pero tienes que dejar atrás las presiones que te estresan.

¡DEPENDE DE TI!
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