Una Obra en Construccion

Esta vida nunca será perfecta. Nunca alcanzarás la perfección en esta vida. Solo lo que Dios da puede ser perfecto: la perfecta paz que se obtiene al dejar a un lado las preocupaciones y aferrarse a Él; la satisfacción perfecta que brinda dejar de tratar de hacerlo todo uno mismo y dar lugar a que Él haga lo que considere mejor; y la perfecta fe en que a pesar de los tropiezos y caídas, confías plenamente en Su amor incondicional, que nunca te dejará y hará que todo redunde en tu beneficio.

En esta vida la perfección es imposible. Si la pudieras alcanzar no tendrías necesidad de un Salvador. Su amor jamás terminaría de consumarse.

Son tus imperfecciones las que le motivan a amarte más. Lo necesitas, y al igual que un niño que depende de su padre para llevar a cabo lo que está fuera de su alcance, es justamente esa imperfección la que te impulsa hacia Él.

Sin imperfecciones no habría errores. Sin errores no habría forma de aprender y madurar. Si no aprendieras nada ni maduraras, la vida no tendría sentido alguno. ¿No te alegra que eres imperfecto?

Si sientes la tentación de enfadarte por los defectos de los demás que te molestan y exasperan, piensa en el desastre que parecerías si los demás fueran perfectos.

Dios nos creó con lo que nos parecen fallos de diseño intrínsecos. Pero Él sabe que son aberturas donde tiene pensado colocar sistemas de propulsión que un día nos llevarán a las estrellas y aun más allá.

Los errores y fracasos de los demás no son lo peor de la vida. Lo que es verdaderamente lamentable es ser tan miope que solo se vean esos errores, cuando Dios ha puesto ante ti oportunidades de crecer y aprender por medio de la paciencia, el perdón, la fe y el amor.

Dios te creó tal como eres, con tus defectos, errores y todo lo demás. Aunque esos bultos desagradables que mantienes envueltos en harapos te parezcan cargas embarazosas y hasta desalentadoras, dentro llevan perlas de humildad, integridad, compasión y clemencia. Esos son los tesoros reales del Cielo. Agradece tus debilidades‚ ya que de ellas sacas las enseñanzas más valiosas de amor y humildad. Y cuando veas a otro llevando sus cargas de faltas, ruega por él y échale una mano, y puede que vislumbres las preciosas perlas ocultas tras la rústica fachada externa.

Todo el mundo es una obra en construcción. Algunas de las carreteras más modernas, que al final te facilitan el viaje, mientras están en construcción ocasionan algunos de los atascos, inconvenientes, desvíos y contrariedades más exasperantes, en muchos casos durante años. Pero una vez que se terminan uno se da cuenta de que valió la pena. Lo que durante algún tiempo casi acaba por desquiciarlo, se convirtió en una vía por la que se llega de forma más rápida y eficiente que antes.

Por eso, ten paciencia con Sus obras humanas en construcción. Puede que un día sean la vía que Él determine para que llegues a lugares que jamás habrías encontrado de otro modo.

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